El giraluna no busca
la luz matutina
ni lleva en su corona
los rayos dorados del día
El giraluna no se mece
con la brisa del campo
pues su tallo está roto
y es seco como el esparto
El giraluna engarza
sus semillas azabache
con una diadema hilada
entre pétalos de plata
Sus hojas se inclinan
bajo el peso del cielo
y sus espinas no cortan
el envite del viento
Es la flor que no mira
hacia el lado de los focos
al que debería y haría
si no estuviera torcida,
la que se niega a si misma
ese calor de verano
que tanto quiere y ansía,
la que busca en soledad
mientras nada más hondo
en la penumbra olvidada
por los fuertes girasoles
y su dulce alegría
Pequeño giraluna
que tienes miedo
a caerte de tu cuna,
frágil flor de noche
que buscas consuelo
en la envidia y el reproche,
y miras desamparado
como la joya blanca
no quiere vivir presa
con su brillo custodiado
por tus ojos cerrados
por tus ojos cerrados
Escapa por el cielo
para no escuchar tu llanto
dejándose el recuerdo
en un rincón apartado
y volando entre los campos
de girasoles vivaces
con las sonrisas anchas
y volando entre los campos
de girasoles vivaces
con las sonrisas anchas
y los corazones hábiles
Quédate despierto
otra madrugada
a ver como tus pétalos
caen secos al vacío
y se pierden al abismo
del borde de tu cama
Quédate esperando
el ocaso de mañana
a sentir como el reflejo
de las gotas de rocío
se desliza y se escapa
por el borde mustio
de tus hojas rasgadas
Quédate mirando
esos mares de plata
y échale la culpa
a tu fría luz blanca,
la de la voz afilada
que te canta las nanas
que mecen tu flor
al filo de la mañana
con notas que caen
como estrellas fugaces
que cortan la noche
en facetas sin nombre
y acaban su estela
Quédate despierto
otra madrugada
a ver como tus pétalos
caen secos al vacío
y se pierden al abismo
del borde de tu cama
Quédate esperando
el ocaso de mañana
a sentir como el reflejo
de las gotas de rocío
se desliza y se escapa
por el borde mustio
de tus hojas rasgadas
Quédate mirando
esos mares de plata
y échale la culpa
a tu fría luz blanca,
la de la voz afilada
que te canta las nanas
que mecen tu flor
al filo de la mañana
con notas que caen
como estrellas fugaces
que cortan la noche
en facetas sin nombre
y acaban su estela
con heridas en tu espalda
Llórale a la tierra
que escupe tus raíces
Llórale a la tierra
que escupe tus raíces
huérfano del suelo
en el que naciste,
hijo del viento
que torció tu tallo
y del frío nocturno
al que matas despacio
Te quedaste sin luna
en la que esculpir tus penas
ni campo que quisiera
acoger tu corazón
entre el barro y la arena
y encontrar allí tregua
a esta vida de tormentas
Los girasoles se erigen
orgullosos e imponentes
cubriendo el horizonte
con sus cálidos colores,
y no bajarán su cabeza
ni doblarán su tallo
por pena a la flor mustia
que les envidia de soslayo
Que teme a la noche
y del día se esconde
bajo la sombra que crece
al despuntarse lenta
la muerte de las horas,
dormida poco a poco
en un lecho solitario
al que solo ya dan luto
pétalos bañados
en suspiros de plata
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