Entrada destacada

Demiurgo

Esta cárcel de algodones cubiertos con espinas, el crepúsculo demente del sueño que ahoga nuestros cráneos sangra...

Buscar este blog

domingo, 26 de agosto de 2018

Lienzo empañado


Hay demasiada luz en el cielo
una herida profunda y brillante
que tiñe el lienzo negro

Hay demasiadas ventanas abiertas
vomitando luz en las esquinas
bebiendo de la brisa fresca,
mirando en busca de estrellas

Hay demasiadas farolas encendidas
queriendo ser soles ardientes
manchando de blanco sucio
los fríos adoquines

Hay demasiadas luces de neón
con anuncios quemados por la vista
de sonrisas perpetuas y torcidas
clavadas en el firmamento
mirando por encima del hombro
a todo aquel que levanta la mirada

Hay demasiados coches rugiendo
pintando de humo
a las nubes ocultas del cielo,
o cortando de un tajo
con un solo atropello
el fino velo
de tanto la música
como del silencio

Hay demasiadas voces gritando
que clavan insultos
e imponen abrazos,
cogiendo pinceles
de luz naranja
ahogando la noche
en quejumbrosas serenatas

He visto demasiadas lunas rotas
esculpidas en cemento
que se deshacen en arena
de color gris muerto,
pero hace tiempo que mis noches
las pinto sobre un lienzo
manchado de luces
que me queman desde dentro

Hace tiempo que apenas
soy capaz de mirar el cielo
y ver una estrella

sábado, 11 de agosto de 2018

Pizarra


Con el primer trazo de tiza
se escribieron los nombres
que habrían de marcar desde entonces
como llamaríamos al polvo
que levantaban mis zapatillas,
a las flores un pincel
dibujó salpicadas en los naranjos
y al olor que de ellas
con pereza se deslizaba
hasta los dedos nudosos
hundidos en la tierra

El primer trazo de tiza
erigió letras de granito
en unos labios de papel
que dictaban
los caminos que iban a recorrer
las estelas de los aviones,
la trayectoria de los balones,
el exceso de sensaciones
y el baile lento
de las agujas en su busca
de un estruendo
que rompiera esos silencios
decorados con motas de polvo

El primer trazo de tiza
se disfrazó del alfabeto
que usamos para escribir
sin pensarlo pero atentos
los dictados vacíos,
las canciones sin letra,
los sueños a lápiz
y la rabia del puño
con el que nos lanzamos piedras,
y los insultos cargados al sol
en la arena tostada del patio
que nos quemaba los pies
y nos cocía por dentro
hasta rompernos
como aviones de papel
perdidos en el viento.