Con el primer
trazo de tiza
se escribieron
los nombres
que habrían de
marcar desde entonces
como llamaríamos
al polvo
que levantaban
mis zapatillas,
a las flores un
pincel
dibujó salpicadas
en los naranjos
y al olor que de
ellas
con pereza se
deslizaba
hasta los dedos
nudosos
hundidos en la
tierra
El primer trazo
de tiza
erigió letras de
granito
en unos labios de
papel
que dictaban
los caminos que
iban a recorrer
las estelas de
los aviones,
la trayectoria de
los balones,
el exceso de
sensaciones
y el baile lento
de las agujas en
su busca
de un estruendo
que rompiera esos
silencios
decorados con
motas de polvo
El primer trazo
de tiza
se disfrazó del
alfabeto
que usamos para
escribir
sin pensarlo pero
atentos
los dictados
vacíos,
las canciones sin
letra,
los sueños a lápiz
y la rabia del
puño
con el que nos
lanzamos piedras,
y los insultos cargados
al sol
en la arena
tostada del patio
que nos quemaba
los pies
y nos cocía por
dentro
hasta rompernos
como aviones de
papel
perdidos en el
viento.
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