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Demiurgo

Esta cárcel de algodones cubiertos con espinas, el crepúsculo demente del sueño que ahoga nuestros cráneos sangra...

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domingo, 28 de octubre de 2018

Dolor fantasma


Aunque se fue sin esperarlo
igual que vino el invierno
aún siento vivo en mi
cada nervio en cada espasmo
cada golpe y porrazo
cada caricia en el arañazo
y cada escalofrío que recorre
centímetros de una piel
de alguien que no está
que no se mueve ni respira 
ni tiene calor en su carne
ni sangre fluyendo en su venas

El crujido de unos huesos
que entrelazados
a la tierra regresaron
pero aún desde su tumba
se les puede escuchar:
castañean y chocan,
resuenan y tiemblan,
repiquetean sin parar,
viven para siempre
solapados en el eco
o en el deje en la mirada
que se mueve sin quererlo
hacia esquinas olvidadas
y callejones desiertos

El frío en la frente,
el sol en la espalda,
sudor que cae a perlas
como gotas de escarcha
o el vello que se eriza
cuando el viento se nos lleva
a lugares extraños
donde el sentirnos juntos
nos sabe a poco
y nos pesa mucho
hasta que el cariño 
se nos cae entero
y nos arrastra al suelo

Una piel que ya no llevo
un disfraz en el armario
y un rostro que vive
al mismo lado del espejo

Una voz que ya no es mía
pero todas las mañanas
en destellos y reflejos
desde lejos me acompaña
me busca y me llama
pero no me encuentra

Un espectro que me agarra
con el brazo que le falta
y roba mis pasos de cerca
calzándose mis huellas
como si todavía pudiera
mover las piernas

La mano que se cierra
sosteniendo el aire
en el hueco entre sus dedos
como si fuera asfixiarse
en cualquier momento
por los surcos y las líneas
que a la piel tatúan,
los mundos que dibujan
y las vidas que insinúan,
tinta negra derramada
en mitad del cielo

Cuántos días más
tienen que sangrar
para hacer jirones
el recuerdo emborronado
de mi sombra rezagada
y fundida con la tuya
repasando cada día
en un bucle eterno 
el tacto en sus dedos
y el roce de los sueños
en el punto ciego
de mi mirada perdida


domingo, 21 de octubre de 2018

Giraluna


El giraluna no busca
la luz matutina
ni lleva en su corona
los rayos dorados del día

El giraluna no se mece
con la brisa del campo
pues su tallo está roto
y es seco como el esparto

El giraluna engarza
sus semillas azabache
con una diadema hilada
entre pétalos de plata

Sus hojas se inclinan
bajo el peso del cielo
y sus espinas no cortan
el envite del viento

Es la flor que no mira
hacia el lado de los focos
al que debería y haría
si no estuviera torcida,
la que se niega a si misma 
ese calor de verano
que tanto quiere y ansía,
la que busca en soledad
mientras nada más hondo
en la penumbra olvidada
por los fuertes girasoles
y su dulce alegría

Pequeño giraluna
que tienes miedo
a caerte de tu cuna,
frágil flor de noche
que buscas consuelo
en la envidia y el reproche,
y miras desamparado
como la joya blanca
no quiere vivir presa
con su brillo custodiado
por tus ojos cerrados

Escapa por el cielo
para no escuchar tu llanto
dejándose el recuerdo
en un rincón apartado
y volando entre los campos
de girasoles vivaces
con las sonrisas anchas
y los corazones hábiles

Quédate despierto
otra madrugada
a ver como tus pétalos
caen secos al vacío
y se pierden al abismo
del borde de tu cama

Quédate esperando
el ocaso de mañana
a sentir como el reflejo
de las gotas de rocío
se desliza y se escapa
por el borde mustio
de tus hojas rasgadas

Quédate mirando
esos mares de plata
y échale la culpa
a tu fría luz blanca,
la de la voz afilada
que te canta las nanas
que mecen tu flor
al filo de la mañana
con notas que caen
como estrellas fugaces
que cortan la noche
en facetas sin nombre
y acaban su estela
con heridas en tu espalda

Llórale a la tierra
que escupe tus raíces
huérfano del suelo
en el que naciste,
hijo del viento
que torció tu tallo
y del frío nocturno
al que matas despacio

Te quedaste sin luna
en la que esculpir tus penas
ni campo que quisiera
acoger tu corazón
entre el barro y la arena
y encontrar allí tregua
a esta vida de tormentas
Los girasoles se erigen
orgullosos e imponentes
cubriendo el horizonte
con sus cálidos colores,
y no bajarán su cabeza
ni doblarán su tallo 
por pena a la flor mustia
que les envidia de soslayo

Que teme a la noche
y del día se esconde
bajo la sombra que crece
al despuntarse lenta
la muerte de las horas,
dormida poco a poco
en un lecho solitario
al que solo ya dan luto
pétalos bañados
en suspiros de plata