Me recuesto sobre
el duro cemento
que está frío,
que está muerto
pero late
falsamente
al ritmo del
estruendo
con el que
aviones surcan el cielo
Hundo mis uñas en
el duro cemento
esperando
encontrar el tuétano
que arde con
fuego
en el centro de
este sueño
Ya no caen
estrellas fugaces,
estaban rotas
todo este tiempo,
y ahora se
arrastran contra el cielo,
agonizan por no
tocar el suelo
No encuentro el
calor
en el cemento
hueco
ni en la sangre
que mana
de mis uñas
desgastadas
Hay un ave de neón
tejiendo estelas
en el cielo
y me baña con
luces
de extraños
colores
que viajan a mis
ojos
en vuelo pulsátil
al ritmo del
latido
que inunda cada
rincón
mi pecho de
cemento
Pero ya se ha
hecho tan tarde
en esta noche
cansada
sin luces en las
ventanas
ni el estruendo
de los coches
que fluían
imparables
como ríos por su
cauce,
las grandes
avenidas
del mar de
asfalto
roto por los
tajos
de las hojas de
cemento,
los cuchillos de
hormigón
que arañan el
cielo
En esta noche
cansada
que parece tan
vacía
pero se asfixia en
palabras
que no suenan
enunciadas
sino rotas los
ruidos
de motores mal
cuidados
disparos bien
errados
y radios en
estática
Todavía en esta
noche,
tan tarde y tan
cansada
no queda ya lugar
para las nuevas
alas,
no queda sitio en
mi cuerpo
para acoger esperanzas
ni a las luces
que palpitan
en su busca
desesperada
de matices que
alumbrar
líneas a las que
dar forma
y lienzos de
cemento
para tapar con
pintura
la sangre, las
sombras
y las marcas de
mis uñas.
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